viernes, 25 de septiembre de 2009

El secreto de sus ojos

Otra vez Juan José Campanella me ha dado esperanza para pensar que el cine con buenas historias sigue. Ya desde la famosa El hijo de la novia nos maravilló a los del otro lado del charco, aunque en su pasaporte ponga que desde hace unos años es uno de nosotros. Una gran narración que juega, como lo hizo en El mismo amor, la misma lluvia, con idas y venidas al pasado, desvelando poco a poco la trama mientras los actores, el mismo binomio de entonces, Darín-Villamil, nos muestran primeros planos de sus personajes, enamorados desde que se encuentran sus ojos en un despacho rancio de un juzgado. Aviso, esos planos pierden ese amor que transmiten si no se ven en pantalla grande. Fijo.

Y, eso sí, todo envuelto en un lenguaje mundano de Buenos Aires que nos encandila, que nos hace reír y que, en algunos momentos hasta ni entendemos pero que todos imitamos según salimos del cine.

No es imprescindible, pero sí saludable.

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